La sostenibilidad de los productos requiere repensar su diseño

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Un reciente artículo publicado por la conocida consultora de gestión McKinsey parte de la premisa de que “hasta cuatro quintas partes de las emisiones de un producto a lo largo de su vida útil vienen determinadas por las decisiones tomadas en la fase de diseño”.

Aplicable a todas las industrias, “la gran limpieza está en marcha”. Con una normativa cada vez más estricta, la presión de los inversores y los cambios en las preferencias de los consumidores, las empresas se esfuerzan por reducir la carga de sus actividades sobre el planeta.

Los autores del artículo, By Stephan Fuchs, Stephan Mohr, Malin Orebäck y Jan Rys, exponen la necesidad de actuar en muchos frentes, con cambios en las redes de suministro, los procesos de fabricación, los modelos empresariales y replanteándose el diseño, la ingeniería y el uso de sus productos, buscando formas de cumplir con los requisitos de rendimiento y calidad al tiempo que utilizan menos recursos en todo el ciclo de vida de todo lo que fabrican.

El artículo señala dos factores. “El primero es tecnológico: un cambio continuo de las emisiones de por vida del funcionamiento del producto a la producción del mismo”.

Como ejemplo recurren en el estudio a la transición de los motores de combustión interna a la propulsión eléctrica, que está modificando el perfil de emisiones del ciclo de vida de los vehículos de pasajeros. “Según un estudio”, citan, “alrededor del 20% del carbono generado por un vehículo diésel procede de su producción, y la mayor parte del 80% restante se emite en el tubo de escape. Un coche eléctrico equivalente, por el contrario, produce menos emisiones en la fase de uso, pero requiere materiales adicionales intensivos en carbono en la batería.

La segunda razón a la que apuntan para que se preste más atención a la sostenibilidad del diseño es el reconocimiento de que la fase de diseño suele ser el punto más poderoso y rentable para abordar la huella de recursos de los futuros productos y servicios.

“Las empresas saben desde hace tiempo que las decisiones de diseño determinan la mayor parte de los costes de fabricación, funcionamiento y mantenimiento de un producto. La misma lógica se aplica a la sostenibilidad. Nuestro análisis sugiere que, aunque la I+D representa el 5% o menos del coste total de un producto, influye hasta en el 80% de la huella de recursos de ese producto”.

Obsolescencia

Además, señalan que las decisiones de diseño también pueden determinar la facilidad con la que un producto puede repararse, mejorarse, refabricarse o reciclarse al final de su vida útil. Actuar en el diseño utilizando, por ejemplo, un diseño modular podría eliminar la obsolescencia de dispositivos.

El Diseño para la Sostenibilidad (DfS, por su sigla en inglés) amplía y expande estos enfoques, señala el artículo, lo que requiere que las organizaciones adapten sus herramientas existentes, adopten otras nuevas y mejoren tanto la infraestructura como las capacidades de la función de I+D.

El artículo de McKinsey, que puede leer al completo en inglés aquí, señala tres caminos para que las empresas logren el DfS a escala. “En primer lugar, ¿cómo van a replantearse la forma en que sus productos utilizan los recursos, adaptándolos a los cambios en la normativa, adoptando los principios de circularidad y haciendo uso de los conocimientos de los clientes? En segundo lugar, ¿cómo entenderán y harán un seguimiento del impacto de las emisiones y los costes de las decisiones de diseño para alcanzar sus ambiciones de sostenibilidad? En tercer lugar, ¿cómo fomentarán la mentalidad y las capacidades adecuadas para integrar la sostenibilidad en cada producto y en cada decisión de diseño?

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