Mercado eléctrico, ¿dónde está la demanda?

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Mucho se ha escrito en estas semanas y muchos webinars se han celebrado, tan de moda en estos momentos de confinamiento, que han tratado de responder a estas cuestiones, muy centrados en hablar de la punta del iceberg, el precio del mercado y el funcionamiento del actual sistema, pero dejando oculta parte de su base, el equilibrio entre oferta y demanda. ¿Cómo explicar esta situación? Tiene su lógica. La inesperada aparición de la crisis originada por la pandemia de la Covid-19, que ha sacudido la actividad global, ha intensificado y sacado a la luz la casuística del sector eléctrico derivada del sistema de asignación de precios marginalista y ha acelerado la llegada de ciertas cuestiones que desde hace tiempo se veían en el horizonte. Y lo ha hecho en un momento en el que no se habían recuperado los niveles de demanda alcanzados anteriormente a la crisis en 2008, ¡y esto antes de que llegase la Covid-19!

Si analizamos el pasado abril y mayo, la demanda de energía eléctrica descendió un 17,3% y 13,1% respectivamente comparando el mismo mes de 2019, con una caída del 7,8% en el acumulado de lo que llevamos de 2020. El precio del mercado eléctrico registró en dichos meses un promedio de 17,65€/MWh y 21,25€/MWh, respectivamente, cuando un año antes fueron de 50,5€/MWh y 48,4€/MWh. El promedio acumulado en lo que llevamos de 2020 se ha situado en 28,7€/MWh y considerando los futuros apunta a que el promedio anual acabe en torno a los 32€/MWh, cuando en 2019 fue de 47,7€/MWh, lo que supondría una caída superior al 30%. Y los valores de futuros apuntan por encima de 40€/MWh para 2021. Esto se explica, principalmente, y entre otras razones, por la caída de la demanda, los precios bajos del gas y la generación procedente de fuentes de energía renovable, que actualmente representan la mitad de la producción del mix eléctrico.

Partiendo de esta situación, y ante la alta incertidumbre que existe sobre el alcance real de la actual crisis y la recuperación de la misma, se hace necesario convertir a la ‘economía verde’, a través del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) y el European Green New Deal, en un motor de recuperación, tanto en España, donde se prevé que las consecuencias sean más profundas, como en la Unión Europea. Las instituciones españolas y las comunitarias han anunciado inversiones sin precedentes para ejecutar la transición ecológica. Solo el PNIEC prevé invertir 241.000 millones de euros entre 2021 y 2030, casi las tres cuartas partes en energías renovables y eficiencia, y contribuir a la creación de más de 300.000 empleos. Si a ello añadimos las dotaciones divulgadas por el ‘Pacto Verde’ europeo para el mismo periodo, un billón de euros, y el interés del mercado por las energías más verdes, constatado en España por el interés de proyectos con solicitud de permisos de acceso en Red Eléctrica de España, tenemos uno de los pilares más sólidos, en teoría, en el que sustentar la salida de la crisis.

Y digo en teoría porque también sobre esto se ciernen varias cuestiones. Por una parte, por la retracción de los inversores por la Covid-19 y los requerimientos de financiación que favorecerán a grandes compañías, así como el desarrollo de proyectos realmente robustos. Por otra y más importante, porque existe un posible escenario con una excesiva bajada de los precios del mercado debido a una alta penetración de las renovables que puede afectar a proyectos dentro de un sistema de casación marginalista como el actual. En caso de que esto último llegara a suceder, se podrían poner en peligro los propios objetivos del PNIEC. Se trata de una situación que parece que no se quiere ver, pero que es evidente. Es a lo que los ingleses se refieren con una expresión muy gráfica, ‘un elefante en el centro de la habitación’.

Este elefante de caída de los precios del mercado en un escenario de alta penetración renovable y en un sistema marginalista es lo que estamos viendo durante la crisis de la Covid-19. Pero si levantamos la vista y miramos al futuro, el elefante realmente es la demanda teniendo en cuenta su equilibrio con la oferta. Esta última muestra que la potencia actual en funcionamiento conjuntamente con la futura con permiso de acceso concedido, de carácter intermitente, es aproximadamente 6 veces el máximo de demanda en un día promedio. Recordemos que la demanda jamás se recuperó de los niveles pre-crisis de 2007 y 2008, por tanto, será inevitable la electrificación de la economía, mayores niveles de interconexiones, cierre de centrales contaminantes, aparición de nuevos modelos de negocio, hidrógeno verde, almacenamiento y sistemas de gestión inteligentes como cuestiones fundamentales, y, por contra, la cada vez mayor relevancia de la eficiencia energética o el autoconsumo estarán en el otro lado de la balanza.

La electrificación del transporte, de procesos industriales y aplicaciones térmicas o el uso o almacenamiento de hidrógeno verde permitirán una descarbonización completa y eficiente de la economía, pero ¿cuándo y a qué velocidad? Tanto desde la perspectiva de la velocidad de penetración de la nueva oferta renovable como, y sobre todo, desde la de la demanda la pregunta es difícil de responder. Todo debe ir acompasado. Este escenario futuro conllevará, además, otras cuestiones que jugarán un papel relevante, como, por ejemplo, comportamientos diferentes de los generadores y consumidores, cambios en los modos de ofertación, teoría de juegos, concentración de portfolios, posibles modificaciones del sistema marginalista o la forma de orquestar un sistema de subastas tan esperado por el sector renovable.

David Pérez, Director de Energía de Altran España

Lo que está claro es que tras el huracán provocado por la Covid-19 se hace necesario un adecuado desarrollo y funcionamiento del mercado, especialmente para activar el PNIEC, que permita salir de la crisis provocada y, más importante, por la extrema necesidad de tomar medidas para detener el cambio climático con determinación. En este sentido, habilitar esquemas de subasta para mayor confort de sponsors y financiadores se antoja imprescindible, eso sí, con un diseño adecuado. Opciones hay varias. Por ejemplo: rentabilidad razonable, floor dinámicos, o el llamado pay-as-bid que tanto gusta en el sector, ya que proporcionaría gran confort para el desarrollo y financiación, evitando sobrerretribución. Sin embargo, provocaría otros efectos colaterales indeseados en el sistema, como la canibalización de la señal de precios del mercado.

Es indiscutible que descarbonizar la economía es una prioridad innegociable y el mayor reto al que nos enfrentamos en el medio plazo, junto con la Covid-19 en el corto. La electrificación de la economía es fundamental y las renovables están llamadas a ser el gran protagonista, pero es necesario el equilibrio entre oferta y demanda, pues en él está la virtud.

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