La columna de UNEF: Las enormes posibilidades de la energía colaborativa

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La jornada ha versado alrededor de la necesidad de las posibilidades que ofrece la energía colaborativa para ayudar a una transición hacia una energía limpia, sostenible e inagotable, y la necesidad de la aportación de la ciudadanía en esta empresa. El consumo colaborativo es una herramienta de colaboración de la sociedad que siempre ha estado ahí, pero la digitalización y las nuevas tecnologías están abriendo nuevos modelos y facilitando la colaboración más allá del nivel local.

En este sentido el papel del regulador, pero especialmente de los ayuntamientos es fundamental. El ayuntamiento, como institución más cercana al ciudadano, tiene un papel fundamental para informar al ciudadano de las posibilidades que existen, divulgar los programas de ayudas y actuar de facilitador para poner en contacto a los ciudadanos que sean susceptibles al cambio y que tengan conciencia de cooperativismo y sostenibilidad.

Como ejemplo, el Ayuntamiento de Alpedrete está aplicando bonificaciones fiscales para el IBI para instalaciones domésticas de autoconsumo fotovoltaico. Además han realizado un mapa solar capaz de identificar los consumos de los edificios de la localidad y las posibilidades de autoconsumo fotovoltaico en función de los metros cuadrados de tejados que existen.

La energía solar fotovoltaica va a tener un papel esencial en la energía colaborativa. Si tenemos en cuenta el concepto de economía colaborativa, que es compartir el uso de los bienes (aquí entran en juego las plataformas digitales) para reducir el uso y la necesidad de los recursos y utilizarlos más eficientemente, y que está relacionada íntimamente con el beneficio medioambiental y la lucha contra el cambio climático, vemos que no todo lo que existe es economía colaborativa ni cumple estas premisas.

En España y debido a la estricta regulación que hemos tenido hasta ahora en este respecto, no se han desarrollado muchos modelos de energía colaborativa. Se podrían mencionar a nivel nacional proyectos como la planta solar de Matallana, en Sevilla, de 2 MW, que ha sido financiada íntegramente por 1.600 socios de la cooperativa de energía renovable Som Energia. Esta planta inyecta toda su energía a la red pero es el equivalente de las necesidades energéticas de un pueblo. En el caso de que esa planta tuviera una línea directa con todos los consumidores de energía de una localidad determinada, sería un ejemplo de energía colaborativa más puro, pero como hemos mencionado anteriormente, eso no ha sido posible a causa de la legislación.

También existen muchas plataformas de crowdfunding, que ponen en contacto personas que desean financiar proyectos renovables independientes con desarrolladores de proyectos.

Otros países están mucho más avanzados en esta materia porque su legislación se lo permite. Podemos dividir los modelos existentes en cuatro grandes grupos: Plataformas P2P a la compra-venta directa de energías renovables, financiación ciudadana de proyectos renovables, gestión de la demanda distribuida y redes virtuales de autoconsumo compartido, fijándonos en el informe de energía colaborativa que Greenpeace publicó en 2017.

Empresas como Vandebron y Piclo hacen compra-venta directa de electricidad renovable entre personas consumidoras (individuales o comercializadoras) y pequeñas instalaciones de producción independiente de energías renovables promoviendo la creación de una amplia comunidad a su alrededor. Debido a la ausencia de intermediarios el precio de compra-venta es más bajo que el de mercado.

La empresa OhmConnect trabaja con gestión de la demanda distribuida. Agrega a una comunidad de consumidores que participan en servicios de gestión de la demanda liberando pequeñas cantidades de dinero a reinvertir en nueva generación de renovables.

Empresas como SonnenCommunity o Brooklyn Microgrid realizan proyectos de autoconsumo virtual, donde comunidades de autoconsumidores autosuficientes se conectan a microrredes virtuales de consumo, generación a pequeña escala, almacenamiento e intercambio directo de energía renovable. Lo que se ha visto con estos proyectos es que individualmente no se es capaz de cubrir la demanda, pero comunitariamente sí intercambiando energía. Además, las baterías venden a la red servicios de ajuste.

Los últimos ejemplos, Mosaic y Mongoose Crowd ejemplifican la financiación de energías renovables entre pares donde es posible emprender proyectos con valor para la transición energética reduciendo costes y riesgos financieros.

En definitiva, la energía solar fotovoltaica es la mejor forma de energía colaborativa por su flexibilidad y su versatilidad. Además, la combinación con los sistemas de acumulación es perfecta para gestionar la producción y la demanda de manera no instantánea, ayudados de la digitalización. Estos modelos reducen el uso de la energía, generan valor para los usuarios y beneficios medioambientales, pero también ayudan a estabilizar la red eléctrica.

Aida González, Responsable de Política Energética en UNEF

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