El estrecho de Ormuz amenaza hasta el 21% del comercio global de urea, clave para fertilizantes y amoniaco

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El estrecho de Ormuz se ha consolidado como un punto crítico para la estabilidad del comercio global no solo de petróleo, sino también de fertilizantes nitrogenados, de lo que se derivan implicaciones directas sobre los mercados energéticos y la seguridad alimentaria. Un análisis de la consultora Rystad Energy identifica que una interrupción prolongada en esta ruta marítima afectaría de forma significativa al comercio internacional de amoníaco y urea, dos insumos clave para la producción agrícola intensiva.

En 2025, el comercio mundial de amoníaco se situó en torno a 10,9 millones de toneladas anuales (Mtpa), mientras que el de urea alcanzó los 50,8 Mtpa. De estos volúmenes, aproximadamente el 15% del amoníaco y el 21% de la urea dependen de exportaciones de países potencialmente afectados por el cierre del estrecho, entre ellos Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Bahréin, Irán e Irak. En términos absolutos, esto implica que cerca de 10,6 Mtpa de urea y una parte sustancial del amoníaco comercializado podrían verse comprometidos.

El impacto logístico de una interrupción en Ormuz se trasladaría rápidamente a las cadenas de suministro agrícolas. Países altamente dependientes de estas importaciones, como lz India, que adquiere entre el 6% y el 8% de sus fertilizantes desde la región del Golfo, se enfrentan a riesgos inmediatos en términos de disponibilidad de insumos. Otros mercados relevantes incluyen Corea del Sur, Tailandia y Australia en Asia-Pacífico, así como Estados Unidos y Brasil en el continente americano.

Desde el punto de vista sistémico, la disrupción del suministro de fertilizantes nitrogenados podría derivar en una reducción de la producción agrícola global, dado el papel crítico de la urea como fuente de nitrógeno. Además, el encarecimiento de estos productos tendría efectos inflacionarios sobre los precios de los alimentos.

El análisis también pone de relieve la elevada concentración geográfica de la producción y exportación de fertilizantes, así como la dependencia de corredores logísticos específicos. Este patrón ya se había evidenciado tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia, que redujo significativamente sus exportaciones, aunque el país sigue representando aproximadamente el 5% del comercio mundial de amoníaco y el 15% de las exportaciones de urea.

En este contexto, la diversificación de fuentes de suministro se enfrenta a limitaciones estructurales. Aunque algunos productores con activos fuera de Oriente Medio pueden aumentar su producción, estos se localizan principalmente en regiones con costes energéticos más elevados, como Europa, lo que incrementa el coste final de los fertilizantes y reduce su competitividad.

Como alternativa a medio y largo plazo, el desarrollo de amoníaco verde emerge como una vía para desacoplar la producción de fertilizantes de los combustibles fósiles y mejorar la seguridad de suministro. Sin embargo, esta tecnología aún presenta costes superiores y su despliegue a escala comercial no se espera antes de 2030, a pesar de avances recientes y acuerdos de compraventa en mercados como la India, Europa y América Latina.

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