La variabilidad climática y el cambio climático a largo plazo están influyendo de forma creciente en el rendimiento y la fiabilidad de los sistemas de energías renovables en todo el mundo, según el nuevo informe WMO–IRENA 2024 Year in Review: Climate-driven Global Renewable Energy Resources and Energy Demand, elaborado por la Organización Meteorológica Mundial (WMO) y la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA).
El documento, en su tercera edición, constata que 2024 fue el año más cálido jamás registrado, con temperaturas medias globales en torno a 1,55 °C por encima de los niveles preindustriales. Este contexto climático se tradujo en desplazamientos regionales significativos del potencial solar, eólico e hidroeléctrico, así como en un aumento del 4 % de la demanda energética global impulsada por el clima respecto a la media 1991–2020. Estos efectos se producen en un momento en el que la capacidad renovable instalada mundial superó los 4.400 GW, lo que, según el informe, intensifica la interacción entre clima y sistemas energéticos.
El análisis se basa en cuatro indicadores clave: factores de capacidad eólica y solar, un proxy hidroeléctrico ligado a la precipitación y un indicador de demanda energética derivado de la temperatura. Los resultados muestran contrastes regionales marcados asociados a condiciones residuales de El Niño, al calentamiento oceánico récord y a la tendencia de calentamiento global. En África austral, por ejemplo, los factores de capacidad eólica aumentaron entre un 8 % y un 16 %, mientras que la generación hidroeléctrica se mantuvo por debajo de la media por tercer año consecutivo y la demanda alcanzó máximos históricos. En el sur de Asia, el menor rendimiento eólico y solar coincidió con fuertes incrementos de la demanda de refrigeración, con anomalías mensuales cercanas al 16 %. En contraste, África oriental registró anomalías hidroeléctricas positivas por lluvias superiores a la media.
Por primera vez, el informe evalúa la utilidad de las predicciones climáticas estacionales para variables energéticas, y muestra que pueden anticipar con meses de antelación anomalías regionales en producción solar y demanda eléctrica. Estas capacidades abren la puerta a una mejor gestión de cargas, embalses, infraestructuras y comercio eléctrico transfronterizo o interconexiones.
Conclusiones
Según los autores del informe, la variabilidad climática ya está influyendo de forma tangible en la producción renovable y en la demanda energética a escala global, por lo que debe integrarse de manera sistemática en la planificación energética nacional. En 2024 se observaron impactos en todos los continentes, con fuertes contrastes regionales: aumentos significativos del potencial eólico y solar en África austral, frente a déficits relevantes en regiones del sur de Asia y del sur de Europa.
El aumento sin precedentes de las temperaturas elevó la demanda energética global hasta un 4 % por encima de la media 1991-2020, con anomalías superiores al 20 % en amplias zonas de África, Asia y Sudamérica, lo que evidencia la necesidad de sistemas eléctricos más resilientes y sensibles a la demanda, especialmente en regiones vulnerables al calor extremo.
Aunque a escala global las anomalías de los factores de capacidad eólicos y solares fueron moderadas, el crecimiento acelerado de la capacidad instalada —1.860 GW en solar fotovoltaica y 1.130 GW en eólica— hace que las variaciones climáticas regionales sean cada vez más determinantes en el mix de generación. En el caso de la hidroelectricidad, la creciente variabilidad de las precipitaciones refuerza la importancia de mejorar la gestión del riesgo, la previsión hidrológica y la diversificación tecnológica para reducir la dependencia de esta fuente.
El informe destaca también la necesidad de abordar riesgos climáticos compuestos, como los observados en África austral, donde altos rendimientos eólicos y solares coexistieron con déficits hidroeléctricos y demandas récord. Asimismo, subraya el valor de integrar de forma generalizada las predicciones estacionales en la toma de decisiones operativas, así como de mejorar los datos climáticos y energéticos, especialmente en África, donde el potencial renovable sigue infraexplotado.
Finalmente, se enfatiza que la planificación energética basada en información climática es clave para las NDC 3.0 y los objetivos de la COP28, y que el marco conjunto WMO–IRENA proporciona una base sólida para avanzar hacia transiciones energéticas más resilientes, equitativas y fundamentadas en la ciencia.
El informe subraya la necesidad de integrar inteligencia climática en la planificación energética y en las estrategias de descarbonización a largo plazo, alineadas con el Acuerdo de París y los objetivos de la COP28. Incorporar datos climáticos, sistemas de observación y alertas tempranas será clave para garantizar que la rápida expansión de las renovables se traduzca en sistemas energéticos resilientes, fiables y seguros.
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