El empleo vinculado a la energía solar en la UE alcanzó en 2024 en torno a 865.000 equivalentes a tiempo completo, un 5% más que el año anterior. No obstante, en España se registró un ligero retroceso.
Según el organismo, la falta de actualización de estas normas obsoletas supone un riesgo creciente para la seguridad de operación del sistema eléctrico, especialmente ante la integración masiva de nuevos activos y cargas con características técnicas muy diferentes a las tradicionales.
Las perspectivas de mercado de la consultora para el hidrógeno en 2026, un «año decisivo», prevén, no obstante, que algunos proyectos cobren impulso y que las plantas de craqueo de amoníaco alcancen una escala comercial, con retroceso en Oriente Medio.
En su nuevo informe, Aurora advierte de riesgos estructurales relevantes: precios eléctricos negativos, congestión de red, retrasos en permisos y creciente incertidumbre regulatoria.
La producción solar aumentó en más de 60 TWh interanuales, avance que compensó los descensos de la hidráulica (-13%) y la eólica (-4%) entre 2024 y 2025. La nuclear se mantuvo estable en torno al 24%.
El aumento de la demanda por las temperaturas más frías y la subida de precios del gas y del CO2 impulsaron esta tendencia, y en muchos casos se superaron los 85 €/MWh de media.
Mientras Europa del Este experimentando una irradiación entre un 15 % y un 20 % por debajo de lo normal debido a las persistentes tormentas, gran parte de Europa occidental y central registró niveles entre un 15 % y un 20 % por encima de la media en condiciones más despejadas.
En 2024, el porcentaje de energías renovables en la energía consumida en la UE aumentó en un 0,7 %, frente al 24,6 % de 2023. La cuota de energía procedente de fuentes renovables utilizada en el transporte en la UE alcanzó el 11,2 % en 2024.
El Consejo también reclama que los Estados miembros puedan rechazar la conexión a red de inversores procedentes de proveedores de alto riesgo, y ha puesto en marcha el «Foro de Inversores, Almacenamiento y Sistemas de Gestión Energética.
La Comisión Europea plantea flexibilizar el veto total a los motores térmicos hasta alcanzar un 10 % de las emisiones de CO₂ permitidas en 2021, siempre que estos vehículos utilicen exclusivamente combustibles sintéticos o biocombustibles avanzados.
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