La solar concentra el 52% de las operaciones de M&A energético en España, aunque pierde peso frente a otras renovables
La energía solar continúa siendo la tecnología dominante en el mercado español de fusiones y adquisiciones (M&A) del sector energético, pero su liderazgo comienza a diluirse en un entorno de inversión cada vez más diversificado y selectivo. Según el informe Spanish Energy Deal Pulse Q1 2026, elaborado por el área de Valuations de Alvarez & Marsal (A&M), la tecnología fotovoltaica concentró el 52% de las 73 operaciones energéticas registradas en España durante 2025, frente a una cuota cercana al 70% alcanzada el año anterior.
En conjunto, el mercado español contabilizó 73 transacciones, lo que supone una caída del 30% respecto a 2024, una contracción superior a la observada en el conjunto de Europa, donde la actividad descendió aproximadamente un 15%.
La generación renovable mantiene su protagonismo
A pesar del descenso en el número total de operaciones, las energías renovables continúan dominando la actividad inversora. Según A&M, el 85% de las transacciones realizadas en España correspondieron a activos de generación renovable, ligeramente por encima del 83% registrado en Europa.
No obstante, el reparto tecnológico está evolucionando. Mientras la fotovoltaica sigue liderando el mercado, las tecnologías renovables alternativas han incrementado significativamente su presencia: la eólica, la hidráulica, el biometano, las soluciones híbridas y los proyectos con almacenamiento representaron alrededor del 15% de las operaciones en 2025, frente al 5% registrado un año antes.
Según el informe, esta evolución responde a la búsqueda de activos con perfiles de generación más complementarios y estables, capaces de aportar flexibilidad al sistema eléctrico y reducir la exposición a una única tecnología.
Presión sobre la rentabilidad de la fotovoltaica
El informe señala que la elevada penetración de la energía solar en el sistema eléctrico español está modificando los criterios de valoración de los activos.
Durante determinados periodos de 2026, los precios capturados por las plantas fotovoltaicas llegaron a situarse por debajo de los 30 €/MWh, incrementando la preocupación por la rentabilidad de algunos proyectos expuestos al mercado mayorista.
En este contexto, el almacenamiento energético y la hibridación adquieren una importancia creciente como herramientas para mejorar la gestión de la producción, desplazar la entrega de energía hacia las horas de mayor valor y reforzar la viabilidad económica de las instalaciones.
Un mercado más selectivo
Para Alvarez & Marsal, la reducción de la actividad no refleja una pérdida de atractivo del sector renovable, sino un cambio en el comportamiento de los inversores.
El mercado atraviesa una fase caracterizada por una mayor prudencia en la valoración de los activos y un análisis más exhaustivo de los riesgos asociados a cada proyecto.
Los compradores priorizan actualmente instalaciones operativas o próximas a entrar en funcionamiento que dispongan de acceso y conexión firme a la red; capacidad demostrada de evacuación; mecanismos claros de comercialización de la energía; exposición limitada a la volatilidad del mercado eléctrico.
Asimismo, ganan peso las plataformas que incorporan almacenamiento, contratos de compraventa de energía (PPA) o estrategias que permitan estabilizar los ingresos a largo plazo.
Esta mayor selectividad también se refleja en el tipo de operaciones realizadas. Aunque las adquisiciones de control continúan siendo mayoritarias, las operaciones sobre participaciones minoritarias aumentaron hasta representar aproximadamente el 12% del total en 2025.
El informe también identifica la creciente congestión de las redes eléctricas como uno de los factores que condicionan las decisiones de inversión.
Según Manuel Cortés, Managing Director de Valuations de Alvarez & Marsal, “el mercado español no ha perdido interés por las energías renovables, pero se ha vuelto considerablemente más selectivo”. En este nuevo escenario, explica, “la capacidad instalada ya no es suficiente para determinar el atractivo de un proyecto”, ya que los inversores valoran cada vez más la calidad del activo, el acceso a la red, la visibilidad de los ingresos y la capacidad del promotor para ejecutar los proyectos dentro de los plazos previstos.
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