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La transición energética tendría un coste macroeconómico limitado, pero redistribuiría el crecimiento, según BNEF

La transición energética tendría un impacto limitado sobre el PIB mundial, pero redistribuiría el crecimiento entre países y sectores, según BloombergNEF y Bloomberg Economics. En su escenario de transición tecnológica, el PIB mundial sería un 0,1% inferior en 2050 al de un escenario sin transición, mientras que alcanzar cero emisiones netas implicaría una reducción de alrededor del 3%, antes de contabilizar los daños climáticos evitados.
Projet hybride éolien-solaire de Prosolia Energy à Saragosse, en Espagne. | Image : Prosolia Energy

La transición energética tendría un impacto limitado sobre el PIB mundial en términos agregados, aunque sus efectos económicos serían muy desiguales entre países, sectores y generaciones, según un análisis de BloombergNEF (BNEF) y Bloomberg Economics. El estudio, basado en los escenarios del New Energy Outlook 2026, concluye que el coste económico de la descarbonización mejora sustancialmente cuando se incorporan los daños climáticos evitados.

El análisis compara tres posibles trayectorias hasta 2050: el Economic Transition Scenario (ETS), basado en la evolución de las tecnologías en función de su competitividad económica; el Net Zero Scenario (NZS), que plantea una senda de máximo esfuerzo creíble para alcanzar cero emisiones netas a mediados de siglo; y el No Transition Scenario (NTS), en el que la descarbonización se frena en gran medida.

En el ETS, las emisiones se reducen casi un 20% respecto al escenario sin transición y el PIB mundial en 2050 se sitúa aproximadamente un 0,1% por debajo del NTS. El NZS implica un coste inicial mayor: el PIB mundial sería alrededor de un 3% inferior al del escenario sin transición en 2050, una magnitud que BNEF sitúa en línea con estimaciones de la literatura económica sobre el clima.

El coste depende de la estructura económica

Los resultados agregados ocultan diferencias importantes entre economías. Los países con una elevada dependencia de la extracción y producción de carbón, petróleo y gas sufren una pérdida de ingresos a medida que disminuye la demanda mundial de combustibles fósiles.

En sentido contrario, las economías con industrias desarrolladas de tecnologías limpias o acceso a electricidad renovable de bajo coste pueden beneficiarse del cambio en la estructura de la demanda energética. China constituye un caso destacado en el análisis, ya que su posición como fabricante, usuario y exportador de tecnologías limpias permite compensar parte de la pérdida de actividad asociada a su sector del carbón.

En el ETS, la mayor parte del ajuste económico procede del cambio tecnológico y de los precios relativos. A medida que la electricidad renovable se abarata y aumenta su disponibilidad, las empresas sustituyen combustibles fósiles por electricidad y otras tecnologías bajas en emisiones. El proceso reduce los costes energéticos, aumenta la inversión en infraestructuras y genera demanda de tecnologías limpias, al tiempo que reduce la actividad asociada a la producción de combustibles fósiles.

Una descarbonización más rápida introduce costes adicionales cuando requiere reducir emisiones cuya sustitución tecnológica resulta más compleja. Este efecto es limitado en algunas economías avanzadas dentro del ETS, pero adquiere mayor importancia y se extiende a más países en el escenario NZS.

Los daños climáticos modifican el balance económico

El análisis incorpora también los daños físicos asociados al cambio climático. La reducción de emisiones de los escenarios ETS y NZS limita el aumento de las temperaturas y, con ello, los impactos económicos derivados del calentamiento respecto al escenario sin transición.

En el ETS, los daños climáticos evitados superarían en 2050 los costes de la transición a escala mundial y en prácticamente todas las regiones analizadas. El resultado es que esta trayectoria sería ya económicamente beneficiosa para la economía mundial en ese horizonte cuando se consideran ambos efectos.

El NZS requiere una inversión y un esfuerzo económico mayores y tarda más tiempo en compensarlos. En 2050, los daños físicos evitados cubrirían aproximadamente la mitad del coste mundial de alcanzar las cero emisiones netas. A más largo plazo, sin embargo, los beneficios acumulados aumentan y superan ampliamente los costes hacia 2100.

Un ajuste económico impulsado por la tecnología

Para cuantificar estos efectos, BNEF combinó sus proyecciones del sistema energético con el modelo macroeconómico de equilibrio general computable de Bloomberg Economics. El modelo incorpora las previsiones sobre costes tecnológicos, electrificación, demanda de combustibles, generación eléctrica y emisiones y analiza cómo estos cambios se transmiten al conjunto de la economía.

El análisis considera los efectos sobre precios, inversión, asignación de capital, renta de los hogares, competitividad y comercio internacional. De este modo, la transición energética no se evalúa únicamente como un cambio en el mix de generación o en las emisiones, sino también por sus efectos sobre la actividad económica y la distribución de recursos.

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